El cierrapuertas hidráulico, ese brazo que cierra automáticamente la puerta tras abrirla, no es solo una comodidad: en determinados usos es una exigencia normativa que garantiza que la puerta cumple su función de protección.
Cuándo es obligatorio
Es obligatorio en puertas cortafuegos (protección contra incendios en pasillos de evacuación, cuartos de instalaciones, garajes), que deben permanecer cerradas para cumplir su función salvo que estén conectadas a un sistema de detección que las libere en caso de alarma. También es habitual exigirlo en puertas de acceso comunitario para garantizar que quedan siempre cerradas tras el paso.
Fuerza según el tamaño de la puerta
Los cierrapuertas se clasifican por un número de fuerza (EN 1-7 según normativa europea), que debe seleccionarse según el ancho y peso de la hoja: una puerta ligera de acceso interior necesita menos fuerza que una puerta cortafuegos pesada de gran formato. Instalar un cierrapuertas de fuerza insuficiente hace que la puerta no cierre completamente, incumpliendo su función de protección.
Regulación de velocidad de cierre
Además de la fuerza, un buen cierrapuertas permite regular la velocidad de cierre y el golpe final, evitando tanto que la puerta quede entreabierta (incumpliendo su función) como que cierre de golpe (riesgo para las personas que pasan por ahí).
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