Antes de presupuestar un cambio de cerradura, hay que confirmar si la puerta admite cerradura embutida o si va a necesitar una de sobreponer, porque el trabajo (y el precio) cambia bastante entre una y otra.
Cerradura embutida: la más habitual en puertas de madera
Se aloja dentro del canto de la hoja de la puerta, mediante un fresado que debe tener la profundidad y anchura adecuadas al grosor de la hoja. Es la opción más estética, al quedar prácticamente oculta, y la más común en puertas interiores y de entrada de madera de grosor suficiente.
Cerradura de sobreponer: cuando no hay grosor suficiente
Se atornilla sobre la superficie de la puerta, sin necesidad de fresar el canto, lo que la hace la única opción viable en puertas metálicas finas, puertas de cristal con marco o puertas donde el grosor de la hoja no permite embutir una cerradura sin debilitar la estructura.
Por qué comprobar el grosor de la hoja antes de presupuestar
Presupuestar una cerradura embutida sin comprobar que la puerta tiene grosor suficiente puede obligar a cambiar de sistema a mitad de instalación, con el consiguiente retraso y ajuste de precio. Medir el grosor real de la hoja antes de dar presupuesto cerrado evita esa sorpresa.
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