El impago tras terminar un trabajo es uno de los riesgos más duros de asumir para un autónomo, tanto por el dinero perdido como por el tiempo y material ya invertidos sin poder recuperarlos fácilmente.
Primer paso: reclamación amistosa
Antes de cualquier acción formal, un contacto directo y cordial recordando la deuda pendiente resuelve la mayoría de los casos, que a menudo se deben a un simple olvido o a un problema temporal de liquidez del cliente, no a mala fe.
Documentación que hay que tener lista
Presupuesto aceptado, factura emitida y cualquier comunicación donde el cliente reconozca el trabajo realizado son la base para cualquier reclamación posterior, ya sea burofax, mediación o vía judicial. Sin este respaldo documental, reclamar un impago es mucho más difícil de sustentar.
Burofax como paso formal
Cuando la reclamación amistosa no funciona, un burofax con acuse de recibo deja constancia formal de la reclamación y suele tener más efecto psicológico que una simple llamada, al mostrar que el profesional está dispuesto a escalar el asunto.
Prevenir es mejor que reclamar
Pedir anticipos, fraccionar pagos por fases de obra y no entregar el trabajo completo hasta cobrar lo acordado reduce mucho el riesgo de impago total, frente a facturar todo el trabajo al final sin ningún cobro previo.
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