Detrás de la mayoría de presupuestos que se quedan cortos hay una medición inicial imprecisa, no un error de cálculo de precios. Medir bien es el paso que más impacto tiene en la precisión final del presupuesto.
Medir siempre in situ, no fiarse de planos antiguos
Los planos originales de una vivienda a menudo no reflejan reformas anteriores o pequeñas modificaciones realizadas con el tiempo. Medir directamente en obra, aunque exista un plano de referencia, evita arrastrar errores de partida.
Anotar el estado del soporte, no solo las medidas
Además de dimensiones, conviene anotar el estado real de lo que se va a intervenir: si una pared está a plomo, si un suelo está nivelado, si hay humedad visible. Estos datos condicionan cuánto trabajo de preparación va a necesitar la obra antes del trabajo "visible" que el cliente espera ver presupuestado.
Fotografiar y documentar la visita
Tomar fotos de cada estancia y punto relevante durante la medición sirve como referencia posterior al elaborar el presupuesto en la oficina o casa, evitando depender solo de la memoria o de notas rápidas tomadas con prisa durante la visita.
Doble comprobación en medidas críticas
En medidas que condicionan mucho el presupuesto (superficie total, longitud de tramos largos de instalación), una segunda comprobación rápida antes de irse de la visita evita tener que volver solo para remedir un dato dudoso.
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