Convertir una cubierta plana en ajardinada es una de las peticiones más frecuentes en rehabilitación urbana, pero exige comprobaciones que van más allá de poner tierra y plantas encima.
Capacidad estructural: el primer límite
El sustrato, la vegetación y el agua retenida añaden un peso considerable y sostenido, muy superior al de una cubierta plana convencional. Antes de presupuestar cualquier acabado vegetal, hay que confirmar (con un técnico si es necesario) que la estructura existente puede soportar esa carga adicional; si no puede, la cubierta verde no es viable sin refuerzo estructural previo.
Capas específicas: impermeabilización con barrera antirraíz
La lámina impermeable de una cubierta ajardinada debe llevar (o combinarse con) una barrera específica antirraíz, ya que las raíces pueden perforar impermeabilizaciones convencionales con el tiempo. Sobre ella se coloca una capa de drenaje que evacúa el exceso de agua sin encharcar el sustrato ni sobrecargar la cubierta.
Extensiva o intensiva: dos niveles de exigencia distintos
La cubierta extensiva (vegetación de bajo mantenimiento, sustrato fino) añade menos peso y coste que la intensiva (jardín transitable con plantas de mayor porte), que exige mayor espesor de sustrato, riego programado y una estructura preparada para soportar bastante más carga.
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