La pizarra natural es de los materiales de cubierta más longevos del mercado, con vidas útiles que pueden superar el siglo bien instalada, pero su precio y su técnica de colocación la sitúan en un segmento distinto al de la teja convencional.
Por qué dura tanto
La pizarra es una piedra metamórfica prácticamente impermeable e inerte frente a los agentes atmosféricos, que no se degrada por radiación UV ni por ciclos de hielo-deshielo como sí puede ocurrir con otros materiales porosos. Bien fijada, su durabilidad supera con margen a la de la teja cerámica u hormigón.
Colocación: clavada, no apoyada
A diferencia de la teja, la pizarra se fija clavo a clavo sobre un entablado o rastreles, con solapes calculados según la pendiente y la zona climática (más solape en zonas de viento fuerte o nieve). Esta técnica exige más mano de obra especializada que colocar teja, lo que se refleja en el coste final.
Cuándo se justifica el sobrecoste
Se recomienda en rehabilitación de edificios donde la normativa de protección patrimonial exige mantener el material original, en construcciones de alta gama donde la durabilidad extrema es prioridad, o en zonas de clima muy exigente (nieve, viento fuerte) donde su comportamiento es superior al de otros materiales.
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