Es raro que una obra termine exactamente con el mismo alcance con el que se presupuestó al principio: el cliente ve la obra avanzar y, casi siempre, pide algún cambio o añadido sobre la marcha.
Documentar cada cambio por escrito
Cuando el cliente pide una modificación (cambiar un material, añadir un punto de luz, mover un tabique unos centímetros), conviene documentarlo por escrito de inmediato, aunque sea con un mensaje breve, antes de ejecutarlo. Ejecutar cambios "de palabra" sin dejar constancia es la fuente más habitual de discusiones sobre qué se pidió y qué no.
Presupuesto adicional, no ajuste silencioso del original
Cada cambio relevante debería generar un presupuesto adicional claro, sumado al original, en lugar de simplemente subir la factura final sin explicación. Esto permite al cliente decidir conscientemente si asume ese coste extra o prefiere mantener el plan inicial.
Cambios que no afectan al precio
No todos los cambios tienen impacto económico: algunos ajustes menores pueden absorberse sin coste adicional como gesto de buena relación con el cliente, siempre que no comprometan la rentabilidad del proyecto. Saber distinguir cuándo cobrar y cuándo no es parte de la relación comercial a largo plazo con cada cliente.
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