Una reforma integral involucra a varios gremios trabajando en un orden concreto, y presupuestarla sin seguir ese orden lógico es la causa más habitual de que aparezcan sobrecostes a mitad de obra.
Fase de demolición y estructura
Todo empieza por demoler lo que no se conserva (tabiques, alicatados, instalaciones antiguas) y, si el proyecto lo requiere, intervenir en la estructura (apertura de huecos, refuerzos). Esta fase debe presupuestarse con margen, porque es donde suelen aparecer sorpresas ocultas tras derribar.
Instalaciones antes de cerrar
Electricidad, fontanería y climatización se instalan con los tabiques y suelos aún abiertos, antes de cualquier acabado. Presupuestar esta fase de forma completa evita tener que repicar acabados terminados para corregir un olvido.
Acabados: de dentro hacia fuera
Alicatados y solados van antes que pintura, y la pintura antes que la carpintería final (puertas, rodapiés), para no dañar elementos ya instalados durante fases posteriores más sucias. El orden importa tanto como las partidas en sí.
Por qué un presupuesto por fases facilita todo
Desglosar el presupuesto siguiendo este orden de obra, en lugar de un precio único global, ayuda al cliente a entender el proceso y facilita ajustar el alcance de la reforma por fases si el presupuesto total supera lo esperado.
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