La elección entre cisterna baja tradicional y cisterna empotrada no es solo estética: cambia por completo el orden de trabajo y qué gremios intervienen antes de colocar el sanitario.
Cisterna baja: instalación directa
La cisterna baja se atornilla directamente sobre el inodoro, sin obra previa más allá de los puntos de agua y desagüe habituales. Es más económica, más rápida de instalar y, si falla algún mecanismo interior, el mantenimiento es sencillo y accesible sin tocar alicatado.
Cisterna empotrada: requiere cajón previo
La cisterna empotrada va oculta dentro de un cajón de obra o placa técnica, que debe construirse (con perfilería, placa hidrófuga y a veces pladur) antes de alicatar. Esto implica coordinar fontanero y albañil o pladurista en un orden concreto: estructura del cajón, instalación de la cisterna, cierre y alicatado, y por último la placa pulsadora vista.
Mantenimiento: la diferencia que más sorprende
Si el mecanismo interior de una cisterna empotrada falla, el acceso es mucho más limitado (por la placa pulsadora o una trampilla de registro), lo que hace las reparaciones más lentas y, en instalaciones mal previstas sin registro, puede obligar a picar el alicatado. Prever un punto de registro accesible desde el diseño evita este problema.
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