Membrana líquida y lámina asfáltica son los dos sistemas de impermeabilización más habituales en obra, y cada uno tiene ventajas claras según la geometría y el uso de la superficie a tratar.
Membrana líquida: se adapta a cualquier forma
Se aplica con rodillo o brocha en varias manos, formando una capa continua sin juntas que se adapta perfectamente a encuentros, esquinas y geometrías complejas donde una lámina prefabricada tendría que solaparse mucho. Es la opción más práctica en superficies con muchos remates, como terrazas con petos, jardineras o encuentros con bajantes.
Lámina asfáltica: mayor espesor y resistencia mecánica
La lámina asfáltica (autoprotegida o con acabado mineral) ofrece un espesor constante y garantizado desde fábrica, con buena resistencia mecánica frente al tránsito y a la intemperie. Se suelda o adhiere en paños, por lo que rinde mejor en superficies grandes y regulares, como cubiertas planas sin demasiados quiebros.
Cuál elegir según el proyecto
Para superficies pequeñas, con muchos encuentros o formas irregulares (baños, terrazas pequeñas, jardineras), la membrana líquida suele ser más práctica. Para grandes superficies de cubierta plana regular, la lámina asfáltica ofrece más garantía de espesor uniforme y durabilidad probada a largo plazo.
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